Primera finca de cultivo con romeros en la pedanía de LA MARINA

Primer agrocultivo certificado ecológicamente con unos 2200 romeros comunes “Rosmarinus officinalis“, ubicado en cuatro parcelas aterrazadas de una finca con una superficie total de aproximadamente unos 8500m² del camp d’Elx, situada en la parte baja de la vertiente norte de la sierra ilicitana de El Molar (pedanía rural de LA MARINA); junto a un camino histórico que desemboca en el olmo monumental protegido por la Consellería valenciana de Medio Ambiente y ya próximo a la antigua Ermita de San Francisco de Asís del siglo XVIII.

Realizado según los marcos habituales de plantación para esta variedad de planta aromática, aunque experimentalmente sobre meseta acolchada con plástico, y riego mediante cinta microporosa exudante con agua procedente de Riegos El Progreso, con la opción de usar el embalse colindante para aumentar así la disponibilidad de recursos hídricos, donde se mezcla el agua dulce del trasvase Tajo-Segura con otra de mayor conductividad procedente del acuífero subterráneo de donde se extrae mediante bombeo de un pozo excavado en el subsuelo hasta un depósito externo regulador en superficie.

Raúl Agulló Coves

Entre las dunas de una singular pedanía rural ilicitana: La Marina

Esta inédita curiosidad que hoy tengo el gusto de compartir, como una herramienta educativa más del patrimonio botánico local del término municipal ilicitano donde no todos los ejemplares singulares, centenarios o emblemáticos son nuestras apreciadas y magníficas palmeras, una vez más no le resultará en absoluto de interés al señor alcalde González Serna, ni al concejal de Medio Ambiente Antonio Vicente García Díez; como tampoco le resultó de interés anteriormente el patrimonio arbóreo monumental al concejal y doctor Polo ni a su compañero Rodríguez Menéndez, así como a su alcaldesa  Alonso García o muy escasamente al sucesor Ruz; incluso retrociendo más ni al concejal Emilio Martínez que sólo hizo un breve anuncio en prensa nunca materializado, ni al edil Amorós, o a su alcalde Alejandro Soler. Lo mismo cabe decir del escaso interés mostrado por el señor Pareja, e inicialmente tampoco por Cristina Martínez.

A todos ellos se les ha expuesto el asunto del patrimonio arbóreo de interés general, que no es el caso particularmente de estos algarrobos de menor porte pero sí de interés secundario por sus singulares condiciones edafoclimáticas, con escaso o nulo éxito. Eso sí, sorprendentemente el actual alcalde sabe inaugurar exposiciones itinerantes sobre árboles, como la de la obra social de La Caixa que vino a Elche en 2016 bajo el título “El bosque mucho más que madera”, en cuyo interior había un rincón dedicado a los árboles monumentales. Sin comentarios…

Por supuesto, en todo este tiempo, tampoco han mostrado interés o se ha escuchado públicamente a los miembros de la ahora ya extinta Brigada Municipal de Medio Ambiente, pero que aún son funcionarios con supuesta voz, ni en particular al coordinador o técnico del área Aranda López, o a los asesores como Vicent Sansano y al que tuvo temporalmente a su lado el doctor Polo. Sin embargo, invito al esporádico y paciente lector de este blog, con mayor sensibilidad hacia nuestro entorno natural, a que sencillamente se lea la vigente ley autonómica valenciana 4/2006, y observe también con sana envidia los catálogos de árboles singulares ya aprobados en múltiples municipios de nuestra provincia.

Pues bien, resulta que como ustedes sabrán, a principios del siglo pasado se acometió una obra titánica, dirigida por parte del célebre ingeniero forestal Francisco Mira y Botella, para frenar el avance de las dunas de Guardamar y La Marina, que estaban literalmente engullendo las viviendas y los cultivos de sus habitantes limítrofes. Para ello se emplearon varias especies vegetales como por ejemplo albardín, esparto, tarays, ágaves, eucaliptos, palmeras o pinos piñoneros. Gracias a ello contamos actualmente con esta pinada casi única en el litoral del levante español, tan acosado urbanísticamente, y con escasos pulmones verdes. Ahora bien, obviamente la curiosidad inédita en su divulgación no es esta arboleda, sino el motivo de la extraña presencia de unos pocos ejemplares aislados, hijuelos de algarrobos centenarios semiengullidos por las citadas dunas.

La explicación en realidad es bien sencilla pero no por ello conocida, expuesta recientemente por boca de mi amigo Martín Calderón, cónyuge de una de las herederas de la célebre finca marinera de “La Frondosa”, ubicada en esta pedanía rural ilicitana con casi cuatro hectáreas de extensión desde la casona solariega próxima a la carretera nacional 332-A, con estilo típico arquitectónico de la tradicional burguesía rural, hasta llegar al linde con las propias dunas. Y es que si nos fijamos situándonos físicamente en el lugar, o a simple vista de pájaro con Internet, ya se aprecia claramente una agrupación de algarrobos centenarios en la última parcela de cultivo agrícola al este de esta finca que es propiedad de los herederos de la familia Pérez Sánchez, a su vez descendientes del fundador en el siglo XIX de la primera “Fabriqueta” de aguardientes, licores, jarabes y anisados en la calle Filet de Fora de Elche; con posterior ampliación del negocio a la distribución de otras bebidas varias.

Como ustedes ya pueden imaginar, unos pocos hijuelos con ciertas dimensiones han quedado semiocultos por el avance de las dunas cuando eran móviles y todavía no estaban fijadas, a una distancia aproximada de unos 50 metros del citado bancal donde se encuentran el resto de ejemplares de la misma especie, y ocupando una franja lineal de casi 100 metros. No sería de extrañar, que también haya varios olivos semienterrados, pues no en vano se trata sin lugar a dudas de la pedanía ilicitana que conserva mayor cantidad de ejemplares centenarios autóctonos de esta especie, y que por lo tanto no proceden en definitiva de discutibles trasplantes desde otros lugares remotos como ornamento para jardinería. Y es que en ya en 1910 llegó históricamente a esta partida rural el primer agua para riego de todo el término municipal de Elche, por medio de la Sociedad Nuevos Riegos El Progreso, S.A. Posteriormente, en el año 1921 se fundó la Comunidad de Regantes “Riegos El Porvenir” en la propia pedanía marinera, aprovechando igualmente las  aguas elevadas y canalizadas desde San Fulgencio en los azarbes del río Segura.

 

 

*Vuelo aéreo español sobre el entorno de la finca, del año 1929 =

 

*Vuelo aéreo americano sobre el entorno de la finca, del año 1945 =

 

*Vuelo aéreo americano sobre el entorno de la finca, del año 1956 =

Los primeros fabricantes de licores ilicitanos, y su casa señorial en La Marina: “La Frondosa”

                Francisco Sánchez Boix, fue un ilicitano pionero desde principios del siglo XIX en la calle Porta de La Morera, en la producción industrial de aguardientes. Le sucedieron en el negocio algunos familiares, los hermanos Pérez Sánchez, con la elaboración de varios tipos de licores, anisados y jarabes, así como la distribución de otros vinos y alcoholes. Entre sus productos, alcanzó gran éxito comercial el “Anís Palma”, producido ya en el siglo XX en la nueva ubicación de su célebre comercio en la calle Filet de Fora junto al actual Centro de Congresos, en el edificio histórico que fue conocido popularmente como La Fabriqueta de Aguardiente. Los herederos de esta familia, avanzada la segunda mitad del siglo pasado, aprovecharon su experiencia y capacidad logística para ampliar el negocio, distribuyendo también otras bebidas como casera, cerveza, refrescos de cola, leche, etc.

Fabriqueta (ANIS)Fabriqueta

              Entre las generaciones familiares dedicadas a esta próspera actividad comercial, uno de sus miembros se fijó en una encantadora pedanía litoral del campo de Elche, La Marina, para construir la interesante casa centenaria de estilo arquitectónico señorial que podemos contemplar entre el camino de los Ruices y el camino del Rebollo. Se trata de una casona típica de la incipiente burguesía ilicitana, orientada hacia Levante y la pinada piñonera situada sobre las dunas de La Marina, que es una joya botánica superviviente a la masiva urbanización de la costa marítima española.

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                La casa tiene dos plantas, con barandilla metálica en la terraza, y detalles decorativos de pintura ocre en los recercados de puerta y ventanas de la planta elevada, así como en las esquinas de la fachada superior y bajo las tejas de los aleros frontales y laterales. Asimismo en lo alto de la fachada Sur aparece un símbolo, bajo el cual está rotulada la denominación del caserón que aún conserva por tradición popular: “La Frondosa”. Además, como elemento hidráulico de interés cultural, frente al porche aparece un antiguo aljibe en forma de bóveda, una pila de piedra natural probablemente procedente de las cercanas canteras de la sierra de El Molar, y un olivo centenario de porte monumental ubicado próximo al extremo sureste de la fachada principal.

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                En este sentido, el patrimonio arbóreo de esta pedanía es realmente digno de mención porque sobresale en relación con el resto de partidas rurales ilicitanas, no sólo por la mencionada pinada, sino también por la multitud de arbolado agrícola disperso con gran longevidad y singular porte. Destaca la presencia en la franja de terreno más próxima al cordón dunar, de varios emblemáticos olivos y algarrobos como los de esta finca de La Frondosa con una extensión actual de 4 hectáreas, así como moreras que probablemente se hayan visto favorecidos porque históricamente en 1910 llegó a esta pedanía el primer agua para riego de todo el término municipal de Elche, por medio de la Sociedad Nuevos Riegos El Progreso, S.A. Posteriormente, en el año 1921 se fundó la Comunidad de Regantes “Riegos El Porvenir” en la propia pedanía marinera, aprovechando igualmente las  aguas elevadas y canalizadas desde San Fulgencio en los azarbes del río Segura.

IMG_5030IMG_5029ElPorvenirEl Porvenir

                  En definitiva, se trata de una pedanía muy atractiva, también por sus playas con tarays centenarios y lirios de mar sobre las dunas de arena, el entorno paisajístico y la biodiversidad presente en los humedales de las salinas de El Pinet y el Parque Natural Agrario de Los Carrizales; así como la sierra de El Molar (antigua isla rodeada por el Mar Mediterráneo y la Albufera de Elche, junto a las desembocaduras de los ríos Vinalopó y Segura), con sus yacimientos arqueológicos, carriladas, cuevas y canteras históricas, refugios de guerra, patrimonio hidráulico, y la Ermita del antiguo poblado de San Francisco de Asís del siglo XVIII que es el origen del actual pueblo, junto con el olmo centenario protegido por la Consellería de Medio Ambiente. Afortunadamente, hace años que disminuyó el intenso tráfico turístico veraniego que soporta la pedanía, con una carretera de circunvalación. Por otro lado, desafortunadamente aún persisten dos alineaciones de viviendas en primera línea de playa, herederas de la antigua tradición de las barracas estivales, y recientemente algunos promotores sin escrúpulos construyeron nuevas urbanizaciones en el perímetro de protección del Parque Natural de las Salinas. Al menos ya desapareció el antiguo camping desordenado y de gran impacto ambiental, aunque en su lugar se encuentran caravanas en situación irregular según la legislación vigente.

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               Finalmente, destacar también la presencia en el núcleo urbano de La Marina de otros edificios de interés y merecedores de un mejor estado de conservación, para que no desaparezcan como ya sucedió con un elemento del patrimonio histórico local en el caso de la torre vigía costera del siglo XVI, cuyas ruinas aún pueden apreciarse en la playa de El Pinet. Así por ejemplo “La Escuera”, caserón señorial decimonónico protegido en el Catálogo Municipal de bienes arquitectónicos de interés cultural, con sus curiosos palomares en tres de sus esquinas, y una pequeña torre en la esquina nordeste; así como la urgente necesidad de un mejor mantenimiento de la pinada piñonera que se encuentra en un estado de serio abandono por parte de la Administración pública competente en materia forestal. Por otro lado, frente al acoso urbanístico de los especuladores que planean nuevas reparcelaciones atractivas para nuevos residentes nacionales y extranjeros que apuesten por ese modelo de desarrollo insostenible, sería deseable que se respete el auténtico encanto tradicional de las casas típicas de labranza que existen a lo largo de toda la franja comprendida entre la pinada y la paralela carretera N-332a, resultado de un reparto histórico de caminos perpendiculares al mar entre familias cuyo nombre aún perdura en su denominación. Lo contrario, será hormigón y dinero fácil para hoy, pero abandono para mañana, con la pérdida añadida de valores culturales autóctonos, que también constituyen un recurso turístico alternativo y muy escaso.

Torre de El PinetEscuera1Escuera2Escuera3pinos_pinoneros

RAÚL AGULLÓ COVES

Origen histórico del camino de “El Pantanero”, en sierra de El Molar (pedanía ilicitana de La Marina)

CAMINO                Me cuenta mi mejor amigo de la infancia, Javier Agulló Pastor (ingeniero químico, actualmente residente en la ciudad escocesa de Aberdeen), algunas anécdotas históricas relacionadas con el célebre paraje ilicitano del “Rincón de Morera”, ubicado en la sierra norte de Elche, concretamente en la pedanía rural de Ferriol. En este lugar existen varias minas de agua potable, que ha sido extraída durante los dos últimos siglos para paliar la tradicional escasez hídrica de nuestro árido territorio. Precisamente por ello se formó en el fondo del barranco que caracteriza el lugar, un oasis de palmeras y olmos. Ahora se encuentra bastante deteriorado, pero antaño era muy frecuentado los fines de semana o días festivos, como por ejemplo en Pascua. Además, en el punto más alto de la empinada cuesta que divide el paraje, se encuentran varias canteras como por ejemplo aquella de la cual se dice que se extrajeron las piedras para levantar los edificios de La Alcudia, y posteriormente la Basílica de Santa María. De hecho, todavía existen interesantes marcas de carriladas.

Allí viven varias familias desde hace varias generaciones, que son parientes directos de su madre Ángela Pastor Clement (artesana del trenzado de palma blanca, que ha aparecido en numerosas ocasiones en los medios de comunicación mientras elaboraba los famosos ramos de Elche). El padre de Angelita y abuelo de Javier, José Pastor Sabuco, era conocido popularmente con el apodo de “El Pantanero”, porque vivía en este entorno del histórico pantano de Elche y realizaba labores para la Comunidad de Regantes de la Acequia Mayor de El Pantano. Pero además del apellido Pastor, abunda desde hace varios siglos en la zona el de Sabuco, de probable procedencia hindú según afirman algunos investigadores. Lo cierto es que los caracteres físicos de mi apreciado amigo Javier también son muy parecidos a los hindúes, o quizás árabes; con ojos verdes, pelo negro oscuro, y el color de la piel muy moreno.

Su abuela María Clement Maciá realizaba allí queso artesanal de cabra y oveja, con la leche del ganado de su marido José Pastor, ganadero como oficio complementario a las rentas domésticas que obtenía la familia de la agricultura en aquellas sierras abancaladas, y del estraperlo con dátiles que maduraba con vinagre según costumbres de su familia de palmereros heredadas por nuestra civilización desde la cultura árabe. Afortunadamente, tras la Guerra Civil española pudieron aprovechar el dinero ahorrado con el estraperlo de dátiles, mayoritariamente en moneda no republicana sino monárquica, y por lo tanto poco frecuente en nuestra región levantina porque no era aceptada de curso legal. Además, también me cuenta su nieto Javier una interesante anécdota relacionada con la Guerra Civil, consistente en que sus abuelos ayudaron a esconder y alimentarse en un rincón todavía oculto de aquella sierra conocido como “El corralet”, a los que huían de la represión republicana que hubo contra los franquistas (desgraciadamente, como en cualquier guerra y en ambos bandos).

Años después, José y María pudieron adquirir varias fincas en la pedanía de La Marina, y concretamente se ubicaron en la falda noreste de la sierra de El Molar, en lo alto de una loma con excelentes vistas a las salinas de El Pinet y el cabo de Santa Pola. Por eso, allí todavía existe un camino oficialmente rotulado como de “El Pantanero”, donde antiguamente el terreno no era cultivable y por lo tanto les costó poco dinero. José Pastor tuvo especial interés en adquirir este terreno pedregoso porque podría pastorear mejor sin entorpecer al ganado otros bancales quizás de mayor calidad, pero con tierra suelta por haber sido roturado para cultivos regados por la Sociedad de Riegos de “El Porvenir”. Años después, también labraría algunas tierras de la zona para plantar frutales, cítricos, verduras, hortalizas, etc. Por lo tanto, parte de la familia Pastor se trasladó al frente litoral, con la costa ya siempre en el horizonte de su paisaje, pero mantuvieron hasta hoy sus propiedades y familiares en el “Racò de Morera”.

Esta zona es ahora muy frecuentada de nuevo por senderistas, corredores y ciclistas que reclaman la incorporación de este enclave entre los recursos turísticos del itinerario trazado para el que sería el 1º sendero oficial señalizado en Elche incluido en el catálogo valenciano de P.R.V. o S.L. Así han sabido hacerlo ya con muy poca inversión económica (paneles didácticos y marcas de pintura renovadas en verano, incluso con voluntarios de grupos excursionistas, etc.); en otros municipios vecinos como Aspe, Crevillente, o Santa Pola, para poner en valor su rico patrimonio rural con elementos de interés arquitectónico, hidráulico, arbóreo, etc.

                                                                                                                 Raúl Agulló Coves

 

RINCON DE MORERAYayo pepeyaya MariaAngelitaseat 127Ruta (sierras del norte)