ARQUITECTURAS DISPERSAS

CONOCER, CONSERVAR, DISFRUTAR
Hola amigos, quisiera compartir unos pensamientos en torno a algo que desde siempre me ha causado gran respeto y admiración: Las construcciones antiguas del campo, las arquitecturas sin arquitectos.

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Es una especie de cuento muy breve que empieza así:

“Buscando satisfacer mi curiosidad surgió el deleite”

ARQUITECTURAS DISPERSAS

¿Qué es aquello que asoma sobre la colina?. ¿Qué habrá visto en su vasta existencia?. ¿A dónde fueron a parar sus ventanas cuya ausencia me deja ver el cielo sin pasar adentro?… Demasiadas preguntas tal vez.

Pero aquellos muros nos desafían, no nos dejan impasibles, incitan desde lo alto… Requieren nuestra presencia.

No en busca del conocimiento absoluto nos aproximamos lentamente. Ascendemos mientras aquello coquetea, se contonea y dialoga con nuestro pensamiento. Aumenta de tamaño en cada paso que damos o… quizás seamos nosotros los que empequeñecemos. De cerca, una vez allí arriba, la respiración se contiene. Todo es nuevo, un cúmulo de sensaciones nuestro cuerpo experimenta. Los sentidos despiertan.

…y giro en torno a él. Tímidamente mi mano acaricia los poros del barro y yeso mezclados antaño que visten la piedra tosca. Los dedos siguen las huellas de aquellos artistas inconscientes.
Sin soltarlo de la mano, lentamente, giro otra vez y sobre mí mismo, pero muy lentamente, como el que teme ser deslumbrado, y recorro el paisaje con la mirada:
Desde el Molar al cabo de las Huertas, el mar al fondo, matorral desde su orilla, subiendo entre senderos, hasta mis pies.

A continuación, erguidos todavía, los muros que toco.

Santiago Vilella Bas

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