Maridaje de la vid y el olmo (emparrado tradicional también practicado en almeces, moreras y carrascas)

             Resulta curioso investigar sobre la procedencia romana de alguna variedad de olmos en la Península Ibérica, pues se trata de un árbol que forma parte de nuestra cultura más ancestral desde la Prehistoria, y escenario de numerosos acontecimientos importantes como por ejemplo ritos iniciáticos y juramentos bajo sus copas. Varios reyes entre los cuales sobresale Carlos III, promovieron la plantación de un olmo en una plaza u otro lugar emblemático de las distintas villas, para conmemorar acontecimientos históricos como la proclamación de la Constitución de 1812. Los olmos han formado parte de nuestro paisaje en plazas y ermitas como la de San Isidro Labrador ubicada en la pedanía rural ilicitana de El Derramador, o para aprovechar su fresca sombra en los sotos de los ríos y márgenes de azudes o canales como los de la Sociedad Nuevos Riegos El Progreso, hasta que la enfermedad de la grafiosis los diezmó a finales de la década de los años 70.

             Pues bien, como afirma el magnífico investigador manchego Pedro Sánchez, con la llegada de los romanos a Hispania se modernizó el cultivo de la vid, y también se introdujo una variedad de olmo italiano que sirvió de soporte a la vid a modo de emparrado. “No os extrañe que diversas manifestaciones artísticas, por ejemplo las columnas salomónicas, lleven ensambladas de manera helicoidal los sarmientos y racimos de las vides, simulando estas columnas a los troncos de los olmos”… “No le pidáis, por tanto, peras al olmo, pedidle uvas”.

             Esta histórica costumbre práctica de origen romano, que ha sobrevivido parcialmente en nuestra cultura contemporánea, resulta de gran interés etnobotánico. Se trata de un método de cultivo que también es muy típico de las huertas tradicionales de la Sierra de Segura, en el territorio limítrofe entre Jaén, Albacete y Murcia, fue ampliado por los musulmanes que asimismo emplearon para ello el almez, mejor adaptado al clima semiárido y el stress hídrico en márgenes de bancales y ribazos. Por otra parte, en ocasiones se ha aplicado la misma técnica en moreras y carrascas, tanto en nuestra región, como en otras comarcas.

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             En el término municipal de Elche también ha sido relativamente frecuente emplear el almez (“lledoner”, en lengua vernácula valenciana), para éste y otros fines. Se trata de una especie muy bien adaptada a nuestras condiciones edafoclimáticas, de bajo requerimiento hídrico, que se incorporó en la formación de varias alineaciones y delimitación de áreas para el xerojardín municipal del Ayuntamiento ubicado en el muro exterior del Cementerio viejo. Asimismo, pueden encontrarse varios ejemplares singulares en las pedanías rurales del campo ilicitano, de gran porte y longevidad centenaria como el situado en el camino de las Torres de Gaitán, o el que hubo en el histórico Camino del León. También denominado en botánica como latonero, su fruto tenía habitualmente un uso lúdico para los niños puesto que lo proyectaban a través de un canuto.

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RAÚL AGULLÓ COVES

Una respuesta a “Maridaje de la vid y el olmo (emparrado tradicional también practicado en almeces, moreras y carrascas)”

  1. Impresionante fotografía, imagino que procedente de algún paraje de la Sierra del Segura. Por otra parte, no recuerdo si es Catón o Columela, tratadistas de la agricultura romana, quienes expresamente mencionan la técnica del emparrado sobre ejemplares de Ulmus, así que las legiones que vinieron a asentarse sobre la península (y en Ilice) la practicaron. Venga

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