El andalusí que probablemente contribuyó a traer los álamos del Eúfrates, a Elche y Abanilla = MUHAMMAD AL-SHAFRA

Muhammad Al-Shaffra, nació en Crevillente hacia 1270, hijo de un célebre médico-herbolario que se dedicaba a la curación y tratamiento empírico por medio de las plantas, estando muy vinculado a la antigua ciudad de Elche donde aún actualmente se conserva su nombre en el callejero oficial del municipio ilicitano. Médico y cirujano, estudió como científico en Valencia, y falleció en Granada debido al avance de la reconquista cristiana, que le hizo trasladarse en varias ocasiones. Respecto a la hipótesis de su relación con la plantación de “Álamos del Eúfrates” en Elche, y posteriormente en Abanilla, se trata de una mera posibilidad, en paralelo a la teoría avalada por varios prestigiosos botánicos de relevancia actual que resumo a continuación gracias a su amable exposición =

Yo veo más factible como hipótesis que la introducción sea de época andalusí, teniendo en cuenta que otras muchas especies nativas de los dominios de la cultura musulmana medieval fueron introducidas con muy alta probabilidad entre los siglos VIII y XV, y sobre todo a partir del s.X. El hecho de que la parte aérea de la planta viva poco tiempo, quizás no más de 1 o 2 siglos, no es argumento suficiente al hablar de especies rizomatosas, cuyas raíces perviven en el suelo (y se transforman en éste, muriendo unas partes y naciendo otras) durante siglos. De la utilidad de la planta habría que tener en cuenta que es una especie con amplios usos medicinales en su zona de origen (como lo son aquí tradicionalmente los chopos y álamos).

La riqueza de las obras botánicas andalusíes es extraordinaria, pero la historia de España que nos han enseñado corre un tupido velo sobre la influencia que los casi 800 años de una cultura tan notable, muy superior a la que se desarrolló en el bando cristiano del territorio ibérico, llegó a ejercer.

Se sabe que hubo incluso jardines botánicos de aclimatación dispersos por todo el territorio andalusí, para importar cientos de especies de los dominios arabigo-andalusíes que se extendían desde Portugal hasta Pakistán, e iniciar así su cultivo en la P.Ibérica, como ocurrió con muchas de las plantas que ahora forman parte de nuestra cultura, desde la caña de azúcar a las especies tintoreras, cítricos, etc. En este sentido, casi todas las ciudades importantes (y Elche lo fue) tenían sus jardines botánicos que surtían a farmacéuticos y médicos. Por otra parte, a menudo las clases sociales más adineradas se empeñaron en importar especies de las tierras originales del imperio (el de los Omeyas iraquíes, al que pertenecía la saga de los califas cordobeses), por pura apetencia personal, ya sea por el mero hecho de recordar a sus antepasados porque tenían alguna relación con la historia de sus familias; o bien por su valor estético/ornamental (precisamente la especie Populus euphratica es conocida por ese aspecto en su zona de origen, tanto por el llamativo color de las flores femeninas como por el color que adopta el follaje otoñal).

Pero desgraciadamente, el ritmo de traducción de abundantes tratados andalusíes de agricultura, farmacopea, etc. es aún muy limitado, y se calcula que puede haber cientos de libros pendientes de analizarse y traducirse a lenguas occidentales, residentes en colecciones de incunables (sobre todo en los países a los que se trasladaron sus tesoros culturales ante la destrucción masiva que provocaba aquí la conquista cristiana). En definitiva, desde Marruecos hasta Bagdad, hay sin duda abundantes obras escritas en las tierras ahora españolas de la P.Ibérica, y por supuesto tampoco a nadie se le ocurrirá traducirlas al castellano allí. A saber en cuántas de ellas puede hablarse de intentos de cultivo del Populus euphratica.

Fueron muchos centenares los expertos enviados a estudiar al actual Irak, la tierra bañada por el Tigris y el Eúfrates, y no pocos volvieron con auténticos bancos de germoplasma vegetal para el califato cordobés. Difícil sería resistirse a traer semillas de Populus euphratica, una especie que como la mayoría de salicáceas (Populus, Salix) tiene virtudes febrífugas y diuréticas, entre otras.

En fin, que casi me resulta más sencillo pensar que la especie incluso pudo introducirse de modo más extensivo en la P.Ibérica, pero que al final sobrevivió solamente en algunos sitios donde, por unas u otras razones -ya fuera para la especie o para individuos concretos que luego sobrevivieron clonalmente-, encontraron condiciones favorables. Ahora bien, por supuesto caben posibilidades diferentes, como que se introdujera y cultivara durante siglos, a continuación se extinguiera, y que luego se reintrodujera de modo más reciente. Es más, no podemos desdeñar que incluso fuera introducida por los fenicios, entre cuyos dominios estaban las cuencas altas del Eúfrates.

Y es que, en definitiva, el ilustrado botánico valenciano del siglo XVIII, Antonio José Cavanilles, pasó por sitios en su recorrido en los que le pasaron desapercibidas varias especies como probablemente sucedió con los mal denominados popularmente como “chopos ilicitanos” (error de identificación por parte de un botánico francés posteriormente a principios del siglo XX), entre otras cosas porque huía de zonas húmedas como de la peste, toda vez que a él se deben grandes avances en el conocimiento de la malaria y fue de los primeros que estudió su comportamiento a nivel mundial. Por otro lado, en el itinerario seguido por Cavanilles aunque se sabe que una de las ubicaciones visitadas fue precisamente este paraje del “Agua Dulce y Salada”, no solía parar en ningún sitio muchos días y sus estancias eran muy fugaces.

En cualquier caso, es fácil que sí que viera los “Populus euphratica” pero no les prestara atención. También habría que considerar las fechas de sus viajes, pues a menudo se ha indicado que no observó tal o cual árbol caducifolio en un sitio dado, y resulta que sí pasó por allí pero en invierno. La interpretación más habitual es que toda la hilera de chopos son realmente un único clon, femenino por más señas. Probablemente la mayoría ni siquiera fue plantado sino que se extendió directamente por vía rizomatosa, lo que para alcanzar la longitud de la hilera de estos ejemplares pudo durar muchos siglos. Por otro lado, el estado de agotamiento vegetativo del clon es muy marcado, y siempre ha sido muy difícil propagarlo de esqueje, lo que por el contrario no debería ocurrir en ejemplares jóvenes e incluso de pocos siglos. Desde luego si el único argumento que se aduce para descartar su presencia desde hace siglos es que no los viera Cavanilles, es una razón muy pobre. Mientras no haya argumentos potentes en contra, lo lógico es pensar que se plantaron hace muchos más siglos.

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