Curiosidad botánica inédita en el camp d’Elx, digna de mención para ambientólogos, pero no para políticos y biólogos municipales de Elche

Esta inédita curiosidad que hoy tengo el gusto de compartir, como una herramienta educativa más del patrimonio botánico local del término municipal ilicitano donde no todos los ejemplares singulares, centenarios o emblemáticos son nuestras apreciadas y magníficas palmeras, una vez más no le resultará en absoluto de interés al señor alcalde González Serna, ni al concejal de Medio Ambiente Antonio Vicente García Díez; como tampoco le resultó de interés anteriormente el patrimonio arbóreo monumental al concejal y doctor Polo ni a su compañero Rodríguez Menéndez, así como a su alcaldesa  Alonso García o muy escasamente al sucesor Ruz; incluso retrociendo más ni al concejal Emilio Martínez que sólo hizo un breve anuncio en prensa nunca materializado, ni al edil Amorós, o a su alcalde Alejandro Soler. Lo mismo cabe decir del escaso interés mostrado por el señor Pareja, e inicialmente tampoco por Cristina Martínez.

A todos ellos se les ha expuesto el asunto del patrimonio arbóreo de interés general, que no es el caso particularmente de estos algarrobos de menor porte pero sí de interés secundario por sus singulares condiciones edafoclimáticas, con escaso o nulo éxito. Eso sí, sorprendentemente el actual alcalde sabe inaugurar exposiciones itinerantes sobre árboles, como la de la obra social de La Caixa que vino a Elche en 2016 bajo el título “El bosque mucho más que madera”, en cuyo interior había un rincón dedicado a los árboles monumentales. Sin comentarios…

Por supuesto, en todo este tiempo, tampoco han mostrado interés o se ha escuchado públicamente a los miembros de la ahora ya extinta Brigada Municipal de Medio Ambiente, pero que aún son funcionarios con supuesta voz, ni en particular al coordinador o técnico del área Aranda López, o a los asesores como Vicent Sansano y al que tuvo temporalmente a su lado el doctor Polo. Sin embargo, invito al esporádico y paciente lector de este blog, con mayor sensibilidad hacia nuestro entorno natural, a que sencillamente se lea la vigente ley autonómica valenciana 4/2006, y observe también con sana envidia los catálogos de árboles singulares ya aprobados en múltiples municipios de nuestra provincia.

Pues bien, resulta que como ustedes sabrán, a principios del siglo pasado se acometió una obra titánica, dirigida por parte del célebre ingeniero forestal Francisco Mira y Botella, para frenar el avance de las dunas de Guardamar y La Marina, que estaban literalmente engullendo las viviendas y los cultivos de sus habitantes limítrofes. Para ello se emplearon varias especies vegetales como por ejemplo albardín, esparto, tarays, ágaves, eucaliptos, palmeras o pinos piñoneros. Gracias a ello contamos actualmente con esta pinada casi única en el litoral del levante español, tan acosado urbanísticamente, y con escasos pulmones verdes. Ahora bien, obviamente la curiosidad inédita en su divulgación no es esta arboleda, sino el motivo de la extraña presencia de unos pocos ejemplares aislados, hijuelos de algarrobos centenarios semiengullidos por las citadas dunas.

La explicación en realidad es bien sencilla pero no por ello conocida, expuesta recientemente por boca de mi amigo Martín Calderón, cónyuge de una de las herederas de la célebre finca marinera de “La Frondosa”, ubicada en esta pedanía rural ilicitana con casi cuatro hectáreas de extensión desde la casona solariega próxima a la carretera nacional 332-A, con estilo típico arquitectónico de la tradicional burguesía rural, hasta llegar al linde con las propias dunas. Y es que si nos fijamos situándonos físicamente en el lugar, o a simple vista de pájaro con Internet, ya se aprecia claramente una agrupación de algarrobos centenarios en la última parcela de cultivo agrícola al este de esta finca que es propiedad de los herederos de la familia Pérez Sánchez, a su vez descendientes del fundador en el siglo XIX de la primera “Fabriqueta” de aguardientes, licores, jarabes y anisados en la calle Filet de Fora de Elche; con posterior ampliación del negocio a la distribución de otras bebidas varias.

Como ustedes ya pueden imaginar, unos pocos hijuelos con ciertas dimensiones han quedado semiocultos por el avance de las dunas cuando eran móviles y todavía no estaban fijadas, a una distancia aproximada de unos 50 metros del citado bancal donde se encuentran el resto de ejemplares de la misma especie, y ocupando una franja lineal de casi 100 metros. No sería de extrañar, que también haya varios olivos semienterrados, pues no en vano se trata sin lugar a dudas de la pedanía ilicitana que conserva mayor cantidad de ejemplares centenarios autóctonos de esta especie, y que por lo tanto no proceden en definitiva de discutibles trasplantes desde otros lugares remotos como ornamento para jardinería. Y es que en ya en 1910 llegó históricamente a esta partida rural el primer agua para riego de todo el término municipal de Elche, por medio de la Sociedad Nuevos Riegos El Progreso, S.A. Posteriormente, en el año 1921 se fundó la Comunidad de Regantes “Riegos El Porvenir” en la propia pedanía marinera, aprovechando igualmente las  aguas elevadas y canalizadas desde San Fulgencio en los azarbes del río Segura.

 

 

*Vuelo aéreo español sobre el entorno de la finca, del año 1929 =

 

*Vuelo aéreo americano sobre el entorno de la finca, del año 1945 =

 

*Vuelo aéreo americano sobre el entorno de la finca, del año 1956 =

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